viernes, 9 de agosto de 2013

Riesgos de ser Docentes Jóvenes Universitarios

Quiero compartirte algo más, me dice, con gusto le conteste que sí, mientras degustábamos una tasita de café, creo si más no recuerdo era como la segunda tasa. Llevo más de 15 años de jubilado de la Universidad de Panamá, pero recuerdo, tal vez no tenías idea de que ibas a ser docente, que la enseñanza universitaria como la vida universitaria habían cambiado y en la actualidad siguen cambiando. Para mi convertirme en un docente universitario, fue una tarea algo fácil, corría la década de 1960, cuando terminada mi licenciatura y la especialidad en educación, y me permitieron ingresar por primera vez al cuerpo docente de la Universidad, ya que era un profesional independiente, y me atenía cumpliendo a cabalidad las normas establecidas dentro de la regulación universitaria, viajaba en la corriente para comprender mejor la situación. Pero a mediados de 1980 y 1990, casi 20 años después de ingresar por primera vez a la universidad como docente, deje de ser un docente joven, aunque todavía me considero joven en espíritu, y consideraba  que mis colegas más jóvenes poseían ideas claras, exigentes a la cátedra universitaria impartida, las cuales le permitían desarrollar con destreza y conocimiento las clases. Aunado a esto, observaba como ellos distribuían su tiempo, centrándose en objetivos y siendo más eficientes, logrando así comprometerse más con su materia, y llevándola de la teoría a la práctica pedagógica, enfocándose principalmente en la enseñanza. Esto me permitió, continuo contándote, hacer un alto en mi entorno como docente y preguntar ¿qué está ocurriendo?; sus  respuestas salieron a flor de piel y ser percato que los años iban transcurriendo y el tenía que ser competente a las necesidades de la sociedad en ese instante. Siendo así para terminar te puedo decir, que viví las tres etapas de un docente dentro de la universidad: el joven, el adulto y el adulto mayor, pero todavía vaga en mi memoria mis años mozos como docente, donde lo habitual era la tensión de rendir como investigador o la necesidad de convertirse en un buen profesor. 

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